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Jason Lee & Emmeline Vance
By Nika | August 15, 2009
En cuanto Jason hubo terminado de anotar los detalles del atentado en la libreta de Callaghan puso en marcha el coche. Deambuló por el centro de Londres, con la esperanza de encontrar alguna entrada al misterioso Callejón Diagon, o cualquier cosa que se le pareciese. Sabía que estaba oculto, de lo poco que sabía del mundo de la magia, pero debía estarlo demasiado. “Como se lo montan” pensó al tiempo que veía salir a una chica rubia bastante mona de lo que parecía un local abandonado [Emme]. Había pasado muchas veces por delante de aquel antro, pero nunca había visto entrar o salir a nadie, y que la única persona que viese fuese esa chica no se ajustaba al perfil que en su cabeza tenía de la gente que podía frecuentarlo. No solía llevarse por los impulsos, ni por sus intuiciones, le gustaba pensar los detalles, pero aquella chica se iba alejando y algo le decía que aquel lugar no era lo que pretendía mostrar.
Aparcó el vehículo a unos diez metros del local y se bajó, no sin antes limpiar lo que había tocado dentro del coche con un pañuelo que siempre llevaba encima. Anduvo a grandes zancadas por la acera, intentando alcanzar a Emme. Cada vez la tenía más cerca, apenas unos metros.
- ¡Disculpe! - la llamó a su espalda, corriendo a medio ritmo, mostrando su pañuelo - Disculpe, señorita, ¿es suyo? Me pareció ver que se le caía.
Tras tocar correctamente los mugrosos ladrillos, Enme se precipito através de la asquerosa taberna El Caldero Chorreante, para terminar en la calle Charing Cross Road. No se dio cuenta de que alguien la seguía hasta que una voz masculina llamo su atención, se giro para descubrir a un atractivo joven, que le tendía un pañuelo. – Lo siento no es mío pero muy amable –no pudo evitar quedarse mirando al chico, cada vez que veía a un hombre guapo era como si la estupidez se adueñara de ella.
Jason sonrió, percatándose de lo que parecía intimidarle a aquella chica. Se guardó el pañuelo y le tendió su mano. El juego no hacía nada más que empezar.
- Soy Jason - se presentó, cogiendo la mano de Emme pues ella parecía demasiado atontada como para tenderla - ¿Quieres un café?
- Emmeline.. –Contestó la joven de forma entrecortada, pero al sentir el contacto de la mano de Jason empezó a sonrojarse levemente – Me encantaría – respondió sin ser capaz de mirarle a la cara.
“Perfecto” pensó Jason. Aquella chica le parecía el blanco ideal.
- Conozco un sitio genial en el Callejón Diagon… ¿Sabes… no? - dijo, esperando que se confirmaran sus sospechas de que aquella chica era una bruja, o que por lo menos frecuentara el dichoso callejón.
Un mago interesado en ella, y para colmo guapo, era lo mejor que le pasaba en mucho tiempo, Emme no se creía su suerte – Si claro vamos – empezó a andar delante de el hasta la puerta de la taberna, pero esperó por su acompañante para entrar.
Jason volvió a sonreír. Tampoco se creía él su suerte. Lo mejor de todo era que la chica había empezado a caminar delante de él, guiándole hasta la misma entrada. Como esperaba, la puerta de aquel mugriento local era el lugar en que se ocultaba el callejón mágico. Como desconocía si había o no una barrera que le bloqueara la entrada como muggle que era, decidió agarrarle la mano a la chica, esperando que eso le sirviera de algo.
- Después de ti - dijo inclinando levemente la cabeza en su dirección.
Enme empezó a temblar cuando el chico tomo su mano, esta vez ya sonrojada completamente entró en el local sin soltar a su acompañante, guiándole hasta la pared de ladrillos – Bueno quieres hacerlo tu o lo hago yo –sonrío esperando para tocar los ladrillos correspondientes que daban la entrada al callejón.
El chico contempló la mugrienta taberna, llena de gente realmente peculiar para él. Se dejó guiar hasta la parte trasera, encontrándose con un muro enladrillado. Enarcó una ceja a la pregunta de Emmeline, pero intentó ocultar su incertidumbre. En cambio sonrió, una vez más, y miró a la chica.
- Te dejo a ti el honor - dijo, sin saber exactamente a qué se refería la chica.
Alargo su mano tocando la combinación correcta de ladrillos que les dio paso al callejón, y tirando levemente del chico atravesaron la mágica entrada – Bien a donde quieres ir? –pregunto intentando levantar la mirada para encontrarse con la de Jason.
Jason se quedó realmente sorprendido, teniendo que evitar la reacción de retroceder ante la desaparición del muro. Atravesó el umbral, dejándose, literalmente, arrastrar por Emmeline, contemplando pasmado el ajetreo de magos y brujas en su interior, y lo extenso que parecía aquel callejón y lo numerosas de sus tiendas y locales. Aún así muchos de los comercios estaban cerrados, seguramente por el atentado de Camden pensó el chico. Dirigió su mirada a la chica, sonriendo nuevamente y se encogió de hombros.
- Pensándolo bien no se siquiera si estará abierto… Está la mayoría cerrado… - dijo dando un paso hacia el callejón.
Ya había entrado, por lo que la chica le era ya prescindible. Había sido más fácil de lo que en un principio había pensado. Sin embargo aquella chica parecía babear tanto por él que quizás le vendría bien tenerla de conexión con la comunidad mágica. Vislumbró a lo lejos el letrero en madera de lo que parecía un bar y miró a Emmeline.
- Aquel parece estar abierto - dijo comenzando a caminar, sin soltar su mano.
Cuando el joven aconsejo un lugar la chica empezó a andar delante de el hasta el local, por la pinta le recordó al Salón de Té de Madame Pudipié que se encuentra en Hosgmade, “Que chico tan romántico”, pensó la muy inocente mientras tomaba asiento en una de las mesas mas apartadas de la entrada.
Jason se sentó junto a ella, contemplando el lugar con atención. Estaba medio vacío, por lo que en cuestión de unos segundos vino un camarero a atenderles. El chico ojeó por encima la carta que le tendió, llena de bebidas que ni sabía que existían.
- Un café… con leche de unicornio? Eh, sí, yo tomaré eso - dijo, mirando a Emmeline.
- Lo mismo para mi –contesto la chica sonriendo al camarero, cuando este se marcho decidió armarse de valor, levanto la vista hasta encontrarse con la de Jason, trago saliva y se toco el pelo tímidamente- A que te dedicas? –intento mantener la calma para evitar que la vergüenza volviera a apoderarse de ella.
El chico apoyó los codos en la mesa y se inclinó sobre ella, para mirarla más de cerca. “¿A qué me dedico?” pensó Jason, sin saber qué preguntar.
- Bueno, digamos que estoy sin trabajo… La gente no quiere contratar a squibs - contestó, haciendo uso de su tapadera. - Mirándolo por el lado bueno, el tener tanto tiempo libre me ha servido para conocer a una chica como tú - añadió, replegando sus encantos - ¿Tú a qué te dedicas, Emmeline?
Se separó un instante, dejando al camarero dejar los extraños cafés sobre la mesa, y empezó a mover su contenido con la cucharilla sin dejar de mirar a la chica.
Emmeline le miraba tan atontada que tardo unos segundos en darse cuenta de la presencia del camarero, cuando este dejo las dos tazas humeantes, tomo la suya entre sus manos – Trabajo en el Ministerio de magia en el Departamento de Accidentes y Catástrofes Mágicas –suspiro levemente perdiéndose en la profundidad de los ojos de su acompañante.
Jason abrió los ojos de forma desmesurada, sorprendido por lo largo que era el cargo que ocupaba aquella chica. Tomó el café en sus manos y bebió un poco, saboreando lo magnífico que parecía. Sostuvo la mirada de la chica y dejó la taza sobre la mesa, pasándose la lengua por el labio superior para limpiar los restos de café.
- Quizás me pase a verte mañana… - dijo tras un breve silencio, sonriendo.
- Enserio? Eso seria maravilloso – la emocionada chica se quedó mirando los labios de Jason durante unos segundos, empezó a sentir calor, seguramente por el gran trago del café caliente que acaba de tomarse, se incorporó para quitarse la gabardina entonces notó algo en su bolsillo y lo sacó, era su recordadora estaba completamente roja, la miro volviendo a sentarse.
La tenía prácticamente en su bolsillo. Jason se terminó el café, contemplando a la chica levantarse y sacar una esfera, del tamaño de una pelota de tenis, completamente roja y con brillo. El chico intentó recuperar toda la información que tenía del mundo mágico, esperando recordar qué era lo que Emmeline sostenía en sus manos. Sin embargo, no sabía de qué se trataba, por lo que guardó silencio y se abstuvo de preguntar qué era aquello.
- ¿Ocurre algo? - preguntó, tras observar el rostro preocupado de la chica.
Emmeline miro a Jason de reojo tratando de recordar que era lo que estaba olvidando. – Oh no.. van a matarme.. –empezó a ponerse nerviosa- Creo que tendré que irme – la joven rebusco en sus bolsillos tocando el paquete para el ministerio.
El chico se reclinó sobre la silla, sin llegar a entenderla del todo. Aun así asintió.
- No te preocupes, vete si es lo que tienes que hacer. Tendremos tiempo de hablar más adelante, y conocernos mejor… - sonrió, acariciando su barbilla - Te invito yo.
La joven nuevamente volvió a perder el sentido del tiempo y durante unos segundos se quedo paralizada por el contacto de la piel del joven – Bien entonces nos vemos por el ministerio –sonrío tontamente, se levanto y tras una especie de chasquido desapareció del local para encontrase nuevamente en las instalaciones del ministerio de magia.
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