Fiona Grace O’Brian
By Dony | August 23, 2009
[Hospital San Mungo]
Dí el último sorbo al café observando a mis dos lechuzas dormitando en su jaula. Era Lunes por la mañana, temprano, y tenía una enorme montaña de fichas de personal que debía revisar para realizar la renovación de plantilla, y cero ganas de empezar. Puse cara de suplicio y miré por la ventana de mi despacho. El cielo estaba encapotado como de costumbre, nada nuevo en Londres.
Bufé y miré el reloj de pared, marcaba las ocho menos cuarto. Arrastré el primer fichero hasta tenerlo delante, lo abrí y comencé a ojearlo sin demasiado interés. Tras un breve y aburrido repaso saqué un pergamino, apunté el nombre de la persona y un par de notas de referencia para hacer la primera criba. Seguí así durante quince minutos hasta que me harté. Saqué otro pergamino, una fantástica pluma encantada que escribía sola y comencé a dictarle una carta para Remus, del cual no sabía nada desde hacía meses. Varios minutos más tarde Thira salía volando por la ventana tras haberse comido un pequeño ratón: me encantaba aquella lechuza parda.
A las ocho y veinte, ya con la túnica verde lima puesta, salí del despacho a atender a los pacientes esperando un día tranquilo y normal.
Mi suposición se volvió errónea a eso de las cuatro y pico de la tarde de camino al despacho del Sr. Smith por un mensaje urgente.
-¿Qué tal van los informes de personal, Fiona?- preguntó cuando entré sin levantar la cabeza de unos pergaminos.
-Bien- mentí -. Creo que para finales de esta semana estarán listos.
Jonas frunció el ceño y se mesó la barba sin decir nada, momento que empleé para ir hasta el escritorio y sentarme en una de las butacas.
- Finales de semana- repitió-. Que sea para el jueves por la mañana. Quiero revisarlos antes de mandarlos a Administración.
Él continuó mirando los pergaminos sin decirme nada. Me recliné ligeramente hacia adelante para intentar ver algo. No creí que me hubiera llamado con urgencia solo para preguntarme por los informes. Para eso podía haberme mandado un Vociferador.
- ¿Ocurre algo, Sr. Smith? ¿Tiene alguna consulta?.
- No, no, Fiona. Es que ha habido un atentado en Candem. Están organizando a los heridos.
Casi se me escapó un grito.
-¡¿Atentado?!- dije alarmada
-Chssst. No grites, mujer. Cálmate. Lo que pasa es que los de dirección están un poco descolocados y la prensa está intentando colarse y la recepción está hecha un caos. Están trasladando a algunos heridos leves a la cuarta planta.
-¿Necesitan ayuda? ¿Puedo hacer algo? ¿Envío sanadores?
El Sr. Smith le hizo un gesto con la mano para que estuviera callada unos instantes.
-Si, por eso te he llamado. Toma- le tendió el pergamino- Coge un grupo de sanadores de esta planta, repártelos y encárgate de este listado. Yo voy a por otro.
Me levanté de inmediato examinado la lista. Parecía que había gente bastante grave, y gente no tan grave. Pero demasiada gente en cualquier caso. “Menudos locos. Poner una bomba en Candem a hora punta…”
Diez minutos más tarde estaba en rcepción con otros siete sandadores más dirigiendo camillas y atendiendo a gente en medio de un bullicio impresionante… que paciencia.
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